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domingo, 24 de agosto de 2014

Primera historia: Memoria

¡Bienvenidos de vuelta al Blog de Cephei!
En la publicación anterior, de echo fué la primera, os prometí que hoy mismo subiria un pequeño escrito que hice hace un tiempo para que fueseis conociendo mi forma de escribir. Bueno pues aqui mismo os lo dejo. Como introducción puedo deciros bien poco... es un pequeño escrito que sinceramente no tiene ningún sentido concreto. No se si os gustarán este tipo de historias, que són mas bien abstractas, dejan muchos interrogantes y el propio lector debe imaginar todo lo que el escritor no expresa en palabras, su temática es totalmente abierta. Finalmente decir que es una historia cortita, entretenida y que, si tienen un momentito, quizás les guste. 
¡Si les gustó comenten. Si no les gustó, comenten tambien, las criticas constructivas ayudan a mejorar.
Gracias por su atención! 




Deslicé mi mano sobre una de las mesas y observé todo aquello que me rodeaba. El mobiliario de la sala se hallaba cubierto por una fina capa de polvo. La luz a penas penetraba por las opacas vidrieras, lo que hacía difícil moverse entre aquella oscuridad. Caminé lentamente, chocando con todo aquello que encontraba en mi camino. Un sinfín de sillas permanecían esparcidas por toda la estancia, la mayoría de ellas oxidadas, deterioradas por el paso del tiempo y la humedad. Mis pasos resonaban en el silencio, caminé con nostalgia, recordando cada pequeño detalle, atesorando cada insignificante recuerdo que poseía de aquel lugar.

Finalmente me situé frente a una gran pizarra. Acaricié su rugosa superficie, dejando la marca de mis dedos que destacaba sobre la blanquecina capa de polvo que la cubría. ¿Cuantas palabras habían sido escritas sobre aquel decrépito lugar? Con la misma facilidad que habían sido creadas, también habían desaparecido. Mas sus últimos restos habían permanecido intactos, impasibles ante el paso de los años. Millones de letras, números, dibujos y demás formas irreales, habían logrado sobrevivir aun habiendo sido olvidadas. Perseverantes, esperando a que alguien las volviera a encontrar.

El sol comenzó a ocultarse tras las montañas y la oscuridad comenzó a apoderarse de la clase.  Lentamente, todo desapareció ante mis ojos, con fría rapidez. Caminando en total penumbra, tanteé en la oscuridad tratando de ubicarme y finalmente conseguí hallar un pupitre con su respectivo asiento. Me senté y recosté la cabeza sobre la mesa. El silencio acompañaba a la penumbra, todo permanecía en total calma. Tras varios minutos en los que todo parecía haber sido un sueño, comencé a oír voces, risas y pasos que rodeaban el lugar en donde me encontraba. Miles de jóvenes charlaban alegremente a mí alrededor, sin percatarse de la oscuridad, sin respetar el silencio. Levanté la mirada y, por primera vez, me decepcioné al ver que no había nadie más que yo en aquella aula y, posiblemente, en todo el edificio.

Dejé caer la cabeza y cerré los ojos, adentrándome en las inmensas e indefinidas profundidades de la memoria.

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