¡Buenas noches! Volvemos una semana mas en el Blog de Cephei. Ya casi se terminan las vacaciones de verano, justo hoy, pues ya son las doce de la noche, es el primer día de septiembre. Colegios, trabajos... todo parece iniciarse y volver a la rutina en este mes. Aunque considero que es algo pronto, hoy les traigo el primer capítulo de una novela que escribí hace unos años. La historia cuenta con dos temporadas, la primera fué escrita hace tres años y la segunda la terminé hace un par de meses así que quizás noten la diferencia en cuanto la forma de escribir, ya que a lo largo de los años he ido modificando mi estilo. Decidí comenzar con esta historia larga para poder tener tiempo e escribiendo otras cosas. ¡Si les gusta por favor comenten! Síganme y denme ideas de nuevas historias que podría ir escribiendo :)
¡Muchas gracias!
Páginas en Blanco-1 Temporada
Capítulo 1
Terminó
la palabra con un sutil movimiento. Sus manos temblaban a causa de la emoción,
pues se había esforzado mucho en encontrar un bonito final. Repentinamente se levantó
haciendo caer la silla y se dirigió a grandes zancadas hacia una habitación
cerrada con llave que intento abrir sin éxito, miró alrededor desesperada en
busca de Rosa.
-¿Rosa? – Nadie contestó - ¿Rosa estás ahí? - Al entrar en la cocina se percato del inusual silencio y dirigió su mirada hacia un pequeño papel, que reposaba sobre los fogones.
“Querida niña:
Salí a hacer la compra,
volveré en diez minutos,
ten paciencia y no armes ningún alboroto.
Rosa”
Suspiró. Rompió el papel en pequeños trozos y los deposito en un cubo. Rosa era una mujer de avanzada edad que cuidaba de ella desde que era muy pequeña. Era robusta, de ojos negros y cabello canoso recogido en un moño, tranquila y amable.
Caminó lentamente hacia el salón y se desplomó en una butaca que tiempo atrás había pertenecido a su padre. Acarició con cariño la funda que lo envolvía, e intentó recordar los días en que sus padres vivían, sin éxito. Suspiró y ojeó las páginas que sostenía, esbozando una sonrisa de satisfacción. Las abrazó con delicadeza, pues no quería arrugar todas las noches de esfuerzo por las cuales había pasado para acabar su pequeña novela.
Emily dio un respingo al escuchar el timbre de la puerta. Se apresuró a abrir, pues esperaba a Rosa desde hacía ya más de quince minutos. Pero no era Rosa quien se encontraba tras ella, en su lugar un muchacho de cabellos dorados y ojos añil sonreía descaradamente.
-Buenos días Emily- Saludó.
-Ah, eres tu John – Emily dio media vuelta dejando la puerta abierta, John entró sin suprimir la sonrisa de su rostro.
-Oye John, ¿para qué has venido?
-¿Eso es tu novela?-John señalaba el fajo de hojas que retenía Emily en sus manos.
Ella cabeceó de forma afirmativa.
-¿Ya la as acabado?
Volvió a asentir.
-Has tardado mucho- John alargó el brazo en dirección a las manos de Emily para coger los papeles, pero ella le rechazó.
-No- Su tono era de superioridad, John se extrañó.
-¿Por qué?
-Nadie puede verla- Afirmó Emily con la misma sonrisa descarada que momentos antes había empleado John.
-¿Porqué?-Volvió a preguntar John con incredulidad.
-John, a veces pareces tonto- Dijo la chica con rudeza- no quiero que la lea nadie, me da vergüenza.
-Pero somos amigos, ¡a mí me la puedes enseñar!
Emily negó con la cabeza. Era cierta la afirmación de John, ambos muchachos compartían una amistad, siempre habían estado juntos.
La joven se quedó mirando al muchacho, en su mente, se debatían varias opciones, ninguna le parecía adecuada. John se sonrojó al ver que Emily le observaba, finalmente rompió el silencio.
-¿Qué miras?
-Está bien.
-¿Qué?
-Que puedes leerla, pero no digas nada.
-¿De verdad?
Emily cabeceó afirmativamente y le mostró a John las hojas, él las cogió con emoción y comenzó a leer rápidamente sin apenas pestañear.
Rosa volvió un par de minutos después, sonriente al ver a los dos niños juntos. Emily dejó a John enfrascado en la lectura y se dirigió a la cocina, donde rosa ordenaba la compra.
-¿Que hay para comer?-Preguntó Emily tímidamente.
-Tenemos las sobras de la cena.
Emily ya sabía eso, la rutina era siempre la misma. La niña suspiró, le resultaba difícil hallar las palabras adecuadas para formular su petición sin parecer ansiosa.
-¿Ya as acabado la novela?
Emily se sobresaltó. Se había quedado en silencio en medio de la conversación y Rosa la miraba fijamente.
-Eh… sí, sí, ya la he acabado - Tardó unos instantes en asimilar su pregunta.
Rosa sonrió amablemente, y acarició el cobrizo cabello de la niña.
-La llave está en mi habitación, puedes cogerla.
La sonrisa triunfante de Emily se extendió por su rostro. Salió a toda prisa de la cocina y se dispuso a subir las escaleras que conducían al segundo piso.
Al final del pasillo se divisaba una gran puerta de madera, el dormitorio de Rosa. Caminó sigilosamente sin motivo aparente, solo por costumbre, hasta detenerse frente la puerta, y giró el pomo con delicadeza pretendiendo hacer el menor ruido posible. La habitación de Rosa era pequeña, las paredes se hallaban cubiertas de estrafalarios dibujos sin sentido los cuales siempre llamaron la atención de Emily. Los únicos muebles que habitaban en la sala eran: una gran cómoda de madera, una pequeña cama adornada con sabanas blancas, y una mesita de noche con un solo cajón, que se encontraba entreabierto. Sobre las mullidas sabanas, Emily divisó una gran llave dorada. Asió la llave con fuerza y al dar media vuelta para salir del dormitorio, observó el cajón entreabierto, decidió fisgonear un poco así que lo abrió con cuidado y miró en el interior. Había solamente un fajo de papeles con la inscripción “Páginas en Blanco”, parecía una novela. Un escalofrío recorrió hasta la última célula del cuerpo de Emily, lo que le hizo soltar los papeles y hacer que se esparcieran por el suelo. Escuchó pasos que subían las escaleras, así que asió los folios desordenadamente y los guardó en el cajón de manera que en la primera página se podía leer claramente las palabras: “Olvidó”.
-Emily - La voz de John extrajo a Emily de su ensimismamiento - ¿Qué haces?
El atractivo rostro de John emergió de la nada.
-John - Susurró Emily - Me has asustado.
-Lo siento - John se encogió de Hombros - He acabado de leerla, me ha gustado mucho.
-¿De verdad?
-Sí.
Emily abrazó a John temblando. John se ruborizó e intentó separarse de ella, sin éxito.
-¿Qué pasa Emily? - Preguntó John tímidamente.
-Gracias – Susurró, con voz casi inaudible.
John sonrió y le devolvió el abrazo.
-¿Rosa? – Nadie contestó - ¿Rosa estás ahí? - Al entrar en la cocina se percato del inusual silencio y dirigió su mirada hacia un pequeño papel, que reposaba sobre los fogones.
“Querida niña:
Salí a hacer la compra,
volveré en diez minutos,
ten paciencia y no armes ningún alboroto.
Rosa”
Suspiró. Rompió el papel en pequeños trozos y los deposito en un cubo. Rosa era una mujer de avanzada edad que cuidaba de ella desde que era muy pequeña. Era robusta, de ojos negros y cabello canoso recogido en un moño, tranquila y amable.
Caminó lentamente hacia el salón y se desplomó en una butaca que tiempo atrás había pertenecido a su padre. Acarició con cariño la funda que lo envolvía, e intentó recordar los días en que sus padres vivían, sin éxito. Suspiró y ojeó las páginas que sostenía, esbozando una sonrisa de satisfacción. Las abrazó con delicadeza, pues no quería arrugar todas las noches de esfuerzo por las cuales había pasado para acabar su pequeña novela.
Emily dio un respingo al escuchar el timbre de la puerta. Se apresuró a abrir, pues esperaba a Rosa desde hacía ya más de quince minutos. Pero no era Rosa quien se encontraba tras ella, en su lugar un muchacho de cabellos dorados y ojos añil sonreía descaradamente.
-Buenos días Emily- Saludó.
-Ah, eres tu John – Emily dio media vuelta dejando la puerta abierta, John entró sin suprimir la sonrisa de su rostro.
-Oye John, ¿para qué has venido?
-¿Eso es tu novela?-John señalaba el fajo de hojas que retenía Emily en sus manos.
Ella cabeceó de forma afirmativa.
-¿Ya la as acabado?
Volvió a asentir.
-Has tardado mucho- John alargó el brazo en dirección a las manos de Emily para coger los papeles, pero ella le rechazó.
-No- Su tono era de superioridad, John se extrañó.
-¿Por qué?
-Nadie puede verla- Afirmó Emily con la misma sonrisa descarada que momentos antes había empleado John.
-¿Porqué?-Volvió a preguntar John con incredulidad.
-John, a veces pareces tonto- Dijo la chica con rudeza- no quiero que la lea nadie, me da vergüenza.
-Pero somos amigos, ¡a mí me la puedes enseñar!
Emily negó con la cabeza. Era cierta la afirmación de John, ambos muchachos compartían una amistad, siempre habían estado juntos.
La joven se quedó mirando al muchacho, en su mente, se debatían varias opciones, ninguna le parecía adecuada. John se sonrojó al ver que Emily le observaba, finalmente rompió el silencio.
-¿Qué miras?
-Está bien.
-¿Qué?
-Que puedes leerla, pero no digas nada.
-¿De verdad?
Emily cabeceó afirmativamente y le mostró a John las hojas, él las cogió con emoción y comenzó a leer rápidamente sin apenas pestañear.
Rosa volvió un par de minutos después, sonriente al ver a los dos niños juntos. Emily dejó a John enfrascado en la lectura y se dirigió a la cocina, donde rosa ordenaba la compra.
-¿Que hay para comer?-Preguntó Emily tímidamente.
-Tenemos las sobras de la cena.
Emily ya sabía eso, la rutina era siempre la misma. La niña suspiró, le resultaba difícil hallar las palabras adecuadas para formular su petición sin parecer ansiosa.
-¿Ya as acabado la novela?
Emily se sobresaltó. Se había quedado en silencio en medio de la conversación y Rosa la miraba fijamente.
-Eh… sí, sí, ya la he acabado - Tardó unos instantes en asimilar su pregunta.
Rosa sonrió amablemente, y acarició el cobrizo cabello de la niña.
-La llave está en mi habitación, puedes cogerla.
La sonrisa triunfante de Emily se extendió por su rostro. Salió a toda prisa de la cocina y se dispuso a subir las escaleras que conducían al segundo piso.
Al final del pasillo se divisaba una gran puerta de madera, el dormitorio de Rosa. Caminó sigilosamente sin motivo aparente, solo por costumbre, hasta detenerse frente la puerta, y giró el pomo con delicadeza pretendiendo hacer el menor ruido posible. La habitación de Rosa era pequeña, las paredes se hallaban cubiertas de estrafalarios dibujos sin sentido los cuales siempre llamaron la atención de Emily. Los únicos muebles que habitaban en la sala eran: una gran cómoda de madera, una pequeña cama adornada con sabanas blancas, y una mesita de noche con un solo cajón, que se encontraba entreabierto. Sobre las mullidas sabanas, Emily divisó una gran llave dorada. Asió la llave con fuerza y al dar media vuelta para salir del dormitorio, observó el cajón entreabierto, decidió fisgonear un poco así que lo abrió con cuidado y miró en el interior. Había solamente un fajo de papeles con la inscripción “Páginas en Blanco”, parecía una novela. Un escalofrío recorrió hasta la última célula del cuerpo de Emily, lo que le hizo soltar los papeles y hacer que se esparcieran por el suelo. Escuchó pasos que subían las escaleras, así que asió los folios desordenadamente y los guardó en el cajón de manera que en la primera página se podía leer claramente las palabras: “Olvidó”.
-Emily - La voz de John extrajo a Emily de su ensimismamiento - ¿Qué haces?
El atractivo rostro de John emergió de la nada.
-John - Susurró Emily - Me has asustado.
-Lo siento - John se encogió de Hombros - He acabado de leerla, me ha gustado mucho.
-¿De verdad?
-Sí.
Emily abrazó a John temblando. John se ruborizó e intentó separarse de ella, sin éxito.
-¿Qué pasa Emily? - Preguntó John tímidamente.
-Gracias – Susurró, con voz casi inaudible.
John sonrió y le devolvió el abrazo.




Me ha encantado volver a leer éste capítulo. Con ésto quiero decir que voy a volver a leerme la primera temporada y las que vengan ! bien sabes que me ha enganchado desde el primer día!
ResponderEliminarhasta Pronto :)