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lunes, 20 de octubre de 2014

Páginas en Blanco-1 Temporada: Capítulo 8

¡¡Buenas noches mis blogeros/as!! Madre mia estamos a UNO, sí, UN solo capítulo para acabar la primera temporada de Pàginas en blanco!! Se que siempre publico tardisimo... espero que me perdoneis algún dia por esto... Bueno ¡¡ya se acerca la navidad!! Y con ello ¡¡¡MI CUMPLEAÑOS!!! :O Seguro que no lo sabeis pero mi cumpleaños es el 1 de diciembre... a lo mejor soy buena y os cae algún otro especial de cumpleaños jejejeje Quizás haga un vídeo :) Ya veremos... pero ¡¡eso sí!! necesito mucho mucho apoyo de todos vosotros porque veo que la família no crece :( me esforzaré muchisimo mas en escribir cosas mucho mas bonitas ¡así que espero vuestro apoyo! La próxima historia recordad que no tendrá nada que ver con esta, será una muy cortita para dejar respirar un poco y volver con nuestro tema principal. Bueno no quiero hacerme pesada, les deseo muy buenas noches, una fantástica semana y nos vemos el próximo DOMINGO aquí!!
Siganme, disfruten y comenten!!
Besooooos *3*

Páginas en Blanco-Temporada 1

Capítulo 8


John corría por las calles empedradas, llamando la atención de los viandantes y colisionando con cualquier cosa que fuera demasiado lenta para esquivarle. 

Al  llegar a casa se dirigió rápidamente, jadeando, hacia la habitación donde Emily le esperaba. No obstante, en el momento en el que abrió la puerta, comprendió que Emily no se encontraba en el interior.
-¡Mamá! – Gritó John – ¡Mamá!, ¿donde está Emily?
-¿Qué quieres? – Respondió Mary desde la cocina.
-¿Dónde está Emily? – Repitió John.
-Ah – se sobresaltó – es cierto, a Emily la vinieron a recoger – ante la mirada atónita de su hijo, añadió – ya sabes, para el orfanato…
John se horrorizó, dejó caer lo que llevaba en las manos y salió corriendo escaleras abajo antes de que su madre pudiera preguntar nada.
Al salir a la calle, se dio cuenta de que no sabía por dónde empezar, así que se dirigió hacia la primera comisaria que pudo encontrar y solicitó un plano de la ciudad. En ella había tres orfanatos, guardó el mapa y se encaminó al más cercano.
La mujer de la que hablaba la novela era la madre de Emily y la persona que la escribió su padre, también nombraban a Rosa, así que ella debía saber muchas cosas, por eso intentó matar a Emily.
Entró en el orfanato a trompicones y preguntó a una de las encargadas por Emily, no se encontraba en ese orfanato, tras dar las gracias apresuradamente, extrajo el mapa de su bolsillo y observó el camino hacia la siguiente parada.
Rosa lo sabía e intento detener el sufrimiento de Emily. Pero Emily no podía morir, no lo permitiría.
Hubo de mirar el plano un par de veces para encontrar el lugar pero finalmente, después de unos interminables quince minutos, llegó al orfanato, en el mismo instante en que un coche negro se detenía delante de las puertas del mismo. De él salieron dos hombres vestidos con trajes negros y sombrero, también una joven muy pálida que iba en silla de ruedas. La joven miraba alrededor con aire desconcertado.
-¡EMILY! – gritó John.
Emily dirigió sus ojos hacia el lugar de donde provenían los gritos y vio a John. Las lagrimas se derramaron por su rostro y se levantó de la silla con dificultad, se alejó de los hombres andando torpemente para abrazar a John, que corría hacía ella.
-No… no quiero… - Sollozó ella.
-No dejaré que te lleven.
Los hombres de negro se miraron confundidos al presenciar la escena.
John cogió la mano de Emily y la condujo hacía el camino que los llevaría a casa. Entretanto caminaban, hablaban de temas sin importancia y bromeaban un poco. Paseaban con lentitud, pues para Emily era complicado ir muy deprisa.
Después de un largo tiempo el cual permanecieron en silencio, Emily comentó:
-John, quiero ver el mar.
Extrañado, asintió no muy convencido, pues los hombres podían haberles seguido. Tomó una ruta distinta y pocos minutos más tarde estaban pisando arena, olía a sal y la brisa azotaba sus rostros dulcemente.
Animado por la idea de que Emily volviera a caminar, John se adelantó y la animó a que anduviera más deprisa. Al llegar a la orilla se despojaron de los zapatos y dejaron que el agua rozara sus pies desnudos.
-¿Es precioso verdad? – Preguntó John observando la puesta de sol.
-No…
-¿No? – John se extrañó y miró a Emily.
Los ojos de esta se tornaron de un gris pálido, y dejaron de brillar. Las piernas de Emily temblaron y esta cayó sobre la arena.
-¡Emily! – John se apresuró a socorrerla.
-No puedo verlo.
Emily finalmente, había perdido la vista.

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