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viernes, 31 de octubre de 2014

Especial Halloween "Flashbaks"

¡FELIZ HALLOWEEN, NOCHE DE BRUJAS, CASTAÑADA, TODOS LOS SANTOS, etc. etc. Como os prometí, y por primera vez cumplo con mi palabra, aquí os traigo el especial de Halloween 2014!!! Es algo tétrico y la verdad lo he hecho con todas las prisas del mundo así que no se que tal os parecerá... Comentad opinando ^^
Bueno no hay mucho que decir!! Pasad una buena noche y temblad porque hoy es el día en que los muertos y los vivos compartimos el mismo lugar!!! Un beso, buen Halloween y disfruten!!
Síganme, compartan y comenten!! :D

Especial Halloween-Flashbacks


Todo estaba en completa oscuridad. Acababa de despertarme a causa de un dolor punzante en la parte posterior de mi cabeza. Me erguí en la cama con dificultad, todo me daba vueltas. Intente fijar la vista para tratar de descubrir en qué lugar me encontraba. Poco a poco, las imágenes comenzaron a volverse nítidas. Aquel lugar parecía ser un dormitorio, o lo que quedaba de él… Era una habitación pequeña, vieja, totalmente vacía, a excepción de un escritorio y una cama en la que yo misma me encontraba. La ventana estaba sellada con lo que parecían ser tablas de madera y la puerta, al otro extremo de la sala, permanecía cerrada. El papel de las paredes estaba descolorido y totalmente destrozado, y la madera del suelo levantada. Tenía la impresión de estar en una casa abandonada.
De repente, unos pasos apresurados comenzaron a acercarse. Asustada, y sin escapatoria, me escondí bajo las sábanas. Los pasos se detuvieron frente la puerta y lentamente, ésta comenzó a abrirse. La luz penetró de pronto en la habitación, bajo las sabanas pude percibir la sombra de una persona en el umbral.
-¿Ya te has despertado? – una voz de hombre me habló desde la distancia.
Temblando de arriba abajo y sin atreverme a mirar, moví la cabeza en sentido afirmativo.
-¿Ocurre algo María?
¿María? Extrañada, al fin me deshice de las sábanas y miré cara a cara a aquella persona. Era un hombre adulto, de unos sesenta años, cabello cano, ojos claros y tez morena. Tenía un rostro apacible, que aportaba confianza, mas algo en sus fríos ojos me advertía de que no debía bajar la guardia.
-¿Ma… María? – pregunté tímidamente.
El hombre se acercó hacia mi cama y se sentó a un extremo de ésta.
-Hija… ¿No sabes quién soy? ¿No recuerdas nada?
-Pues… no.
El individuo suspiró y comenzó a jugar con sus pulgares entretanto susurraba con nerviosismo.
-Quizás tu madre tenía razón… Debí llevarte al hospital cuando… No me pareció nada grave…
-¿A qué se refiere?
-Mira, María, ayer en el colegio caíste desde los columpios – explicó – Llamaron tus profesores a casa y fui a buscarte. No parecías estar mal así que decidí no llevarte al hospital, nunca me han gustado esos matasanos… Pero ahora después de pasar la noche resulta que no recuerdas nada… - El hombre ocultó el rostro entre sus manos -  ¡Ay Dios mío! Mi hija, que si te ocurre algo grave… ¡¿Qué voy a hacer?!
-Tra…tranquilo – No supe cómo reaccionar ante aquella situación así que me acerqué a él y le di unas palmaditas en la espalda a modo de consuelo – Todo se va a solucionar, créeme.
El hombre secó sus lágrimas, sonrió amablemente y alargó su mano para coger las mías.
-Gracias tesoro.
De repente, aquellas imágenes desaparecieron, todo se volvió borroso y comenzó a dar vueltas.

“Estaba en la calle. Sola. Se había perdido. Sus padres no estaban, no tenía a nadie a quien acudir, tenía mucho frío. Aquella noche era especial… pero, ¿Por qué?
-¿Estás bien preciosa?
Aquel hombre le cogió la mano y tiró de ella, le hacía daño…
-¡No! Por favor, debo volver a casa…”

-¡María!
Pestañeé desorientada. Aquello había parecido tan real…
-Hija, ¿estás bien?
-Sí, tranquilo no pasa nada. Es la cabeza…. Estoy un poco mareada.
-Quizás – dijo el hombre – Deberías quedarte hoy en la cama a descansar, te prepararé algo para comer.
-Gracias… papá.
El hombre sonrió y salió del dormitorio.
Suspiré con pesadumbre. Algo en todo aquello no encajaba y no pensaba quedarme allí encerrada y descubrirlo por las malas. Me levanté de un salto, cosa que provocó un crujir espantoso del colchón. Descalza, camine por la habitación y llegué hasta la puerta. Agarré el pomo de ésta con fuerza y giré. ¡Estaba abierta!
Aquello parecía la casa del terror. Tan dejada y destrozada como el dormitorio, el resto de la casa era tétrico. Me encontraba en un estrecho pasillo, con incontables puertas de madera, las cuales daba la impresión de que podías romperlas con una sola patada. Antes de poder dar un paso, la voz de mi padre sonó desde la lejanía.
-¿Dónde vas, María?
-¡Voy  al baño!-Grité.
-Ten cuidado, hija.
Esperé unos instantes a que el silencio volviese a apoderarse del lugar y continué mi expedición. Definitivamente, algo no iba bien.
Decidí acercarme a la primera puerta, justo la que se encontraba en frente de mi dormitorio. Tomé el pomo y giré con fuerza. Cerrada. Intenté empujar y tampoco se movió ni un milímetro.
“Para ser viejas, pesan una tonelada” Pensé.
Y todo desapareció.

“¡Corre!
La muchacha corría desesperadamente por un largo pasillo. Aquel lugar era infinito. Había tantas puertas…
¡Corre, te va a encontrar si no corres!
Justo a su lado, había otra puerta, otra igual tras las innumerables que había intentado abrir sin éxito. Esta vez, ni siquiera intentó girar el pomo. Cogiendo carrerilla, dio una patada a ésta con todas sus fuerzas, pero no se movió.
-¡Dios mío! - Gritó desesperada – ¿Qué puedo hacer? Me encontrará, sabrá que me he escapado…
Y entonces, vio la última puerta, aquella que estaba situada al extremo de la casa. La joven corrió e intentó abrirla. ¡SÍ! ¡Esta vez lo había logrado! Cerró la puerta tras de sí y observó la habitación buscando algún lugar en donde esconderse. Aquello parecía un dormitorio…”

De nuevo. Había visto aquellas imágenes de nuevo… ¿Qué significado podrían tener?
Decidí olvidarme de la puerta y seguí buscando. Desde el baño podría salir por la ventana, o quizás encontraría otro dormitorio sin tapiar por el cual podría pedir ayuda. No comprendía porque, pero necesitaba salir de allí… y cuanto antes, mejor.
Me dirigí entonces a una puerta que estaba al lado de mi dormitorio. Aquella tampoco se abría.
-¡Joder! – Golpeé la puerta con el puño, frustrada.
Entonces lo oí. Tras la puerta oí voces, gemidos, llantos… Ahí había alguien, alguien que estaba sufriendo…
-María, ¿Ha pasado algo? – Gritó mi padre.
-No, no, es que no encuentro el baño, papá…
-¡Es la segunda puerta de la derecha!
-¡Gracias!
Corriendo, me dirigí a la puerta que me había indicado y la abrí. Casi me mareo. De allí salía un olor putrefacto, nauseabundo. No había ventana y no podía ventilarse. Entré tapándome la boca y nariz con la mano y reprimiendo las arcadas, había infinidad de moscas y todo estaba mohoso. No había manera de salir de allí, más bien, si me quedaba mucho más tiempo, me quedaría allí para siempre…
 Agarré el pomo y lo giré. Cerrada. No podía creerlo, se había atascado. Comencé a golpear la puerta y a pedir auxilio a mi padre. Aquel horroroso olor me estaba mareando, me quedaba sin aire…

“-Por favor… Por favor pare…
La joven permanecía atada con unas esposas al grifo de la ducha. Allí, encerrada en aquel baño mohoso, el hombre que la había forzado y encerrado, jugaba con los cabellos de su madre, que estaba inconsciente en el suelo.
-¡¿Qué va a hacerle?! – Gritó la chica – ¡Por favor! No le hemos hecho nada… Pare…
Sonriendo cruelmente, el hombre agarró una navaja oxidada del lavabo y la pasó por el cuello de la pobre mujer…”

Por fin, la puerta se había abierto y una bocanada de aire puro penetró por mis pulmones, haciéndome recobrar la conciencia. Temblaba. No podía creer lo que había visto. Lentamente, avancé por el pasillo y me dirigí hacia donde supuse que debía estar la cocina. Debía hablar con mi padre, aquellas imágenes no eran normales… Me estaba volviendo loca. Al final del pasillo, entré en una gran sala que parecía ser el comedor. Había una vieja mesa de roble con dos sillas, al extremo izquierdo, una gran puerta de metal con un pequeño mueble justo al lado, y al otro extremo, dos viejos sillones deshilachados. Poco a poco, avancé por aquel lugar hacia una pequeña puerta blanca que se encontraba medio abierta. Miré por el resquicio y lo vi.
Mi padre, con un gran delantal blanco manchado de sangre, cortaba lo que parecía ser una extremidad… humana.
Con las manos en la boca para no gritar, salí corriendo y me dirigí hacia el dormitorio. Ya allí, cerré la puerta tras de sí y fui hasta la cama, que crujió bajo mi peso.
-¿Qué puedo hacer?... ¿Qué puedo hacer?...
Mientras pensaba y repensaba en lo que podía hacer para escapar, vi algo que anteriormente había pasado por alto. Sobre el viejo escritorio del dormitorio, había un pequeño bolso que desentonaba totalmente con la decoración de la casa. Era un bolso nuevo, de mujer, de color marrón y con flores púrpuras como decoración.
Corrí hacia él esperanzada. Quizás allí habría algún teléfono móvil con el que podría pedir auxilio… Lo abrí apresuradamente y comencé a revolver el interior, pero estaba totalmente vacío. Agaché la cabeza desilusionada, por un momento, había creído ver la solución a todo lo que estaba ocurriendo. Pero, de nuevo, todo se había desmoronado. Entonces fue cuando lo vi. En el interior de la bolsa, había una pequeña etiqueta con algo escrito. Me acerqué para verla mejor y leí:
Clara Viller
Entonces fue cuando recordé. Recordé que mi nombre no era María, recordé que el hombre que decía ser mi padre no lo era y recordé lo que había ocurrido la noche anterior, la noche de Halloween.



“El cielo oscurecía rápidamente. Las voces de los emocionados niños y niñas se oían cada vez con más intensidad. Toda la calle se había llenado de luz y decoración terrorífica. Familias enteras se reunían en sus casas para celebrar aquella noche tan especial, y la mía no iba a ser menos.
-Mamá, papá – Me acerqué entusiasmada hacia mis padres, que preparaban la mesa, decorándola con pequeñas calabazas y murciélagos de plástico – ¿Puedo salir un rato con Jessica? Solo será dar una vuelta…
-Clara, ¿no vas a ayudarnos? Tus tíos llegarán en cualquier momento…
-Déjala mamá – Papá siembre había sido una persona comprensiva – Hoy es una noche especial, dejémosla salir ahora que no es muy tarde. Pero no te alejes ¿de acuerdo?
-¡Síííííí!
Entusiasmada, alisé mi vestido de muñeca y salí de casa. Allí, en el jardín, me esperaba mi amiga Jessica, disfrazada de bruja.
-¿De qué te has vestido? – Preguntó irónica.
-¡Soy una muñeca! – Repliqué – Las muñecas dan miedo.
-Las que son como tú no – Rió ella – Anda vamos a ver a los demás.
-Pero… papá dijo que no me alejase mucho…
-Clara por dios, tienes doce años, ya no eres una niña… ¿O sí?
Negué con la cabeza y me dispuse a ir con los demás, no muy segura de lo que hacía.
[…]
-¡Que tarde es!
Llevaba una hora fuera. Mis amigos me habían convencido para quedarme cinco minutos más, y esos cinco acabaron convirtiéndose en treinta… Llegué a casa y observé extrañada, que todas las luces estaban apagadas. Entré sigilosamente esperando algún susto por parte de mis tíos o una reprimenda de mis padres, pero nada. La casa estaba desierta. Entré en el comedor y vi todos los platos preparados, toda la comida lista, pero nadie sentado alrededor de la mesa. Pensando en que habrían salido a dar un paseo, me senté a esperar. Pero esperé, esperé y esperé… y las doce llegaron, y nadie había vuelto a casa. Las calles estaban vacías, todo el mundo había vuelto a casa, todo el mundo excepto mi familia. Corrí hasta la cocina e intenté llamar por teléfono a la policía, pero no había línea. Todo aquello me estaba asustando muchísimo.
Agarré mi bolso y salí a la calle en busca de mis padres. Corrí por los barrios buscando y preguntando a todo aquél que encontraba, pero nadie sabía nada. Tras hora y media de búsqueda sin ningún resultado, decidí volver a casa, pero no pude reconocer el lugar en donde me encontraba. Me había perdido.
Sola, sin saber dónde estaban mis padres y sin tener a nadie a quien acudir, me senté en el bordillo de la carretera esperando ver a alguien para pedir ayuda. Tenía mucho frío y hambre. Tenía mucho miedo…
De lejos, pude vislumbrar la sombra de una persona que se acercaba rápidamente. Esperanzada, me puse de pie de un salto y fui corriendo hacia él. Resultó ser un hombre mayor, de cabello cano y ojos claros, parecía ser una buena persona así que le expliqué mi situación.
-Así que te has perdido preciosa – Dijo el hombre con voz ronca – Ven, te llevaré a mi casa, allí podremos pedir ayuda.
-No – Dije – Quiero volver a mi casa, allí esperaré…
Pero aquel individuo ya me había cogido del brazo y tiraba de mí con muchísima fuerza. Me arrastró hasta una pequeña casita vieja y abandonada e hizo que entrara en ella. Ya allí, vendó mis ojos, me llevó hasta una habitación de la casa, ató mis manos y me dejó allí encerrada largo rato.
No podía creer lo que estaba pasando. Aquél hombre me había secuestrado sin el mínimo esfuerzo, me había atado y ahora podría hacer conmigo lo que quisiera. Con todos aquellos pensamientos rondando por mi mente, escuché abrirse una puerta. Después, unos pasos se acercaban a mí, y de repente, sentí el aliento putrefacto de aquel hombre en mi oreja.
-Tengo buenas noticias – Susurró – He encontrado a tus padres.
Destapó mis ojos y pude ver horrorizada que, efectivamente, había encontrado a mis padres. Me encontraba en un baño, atada al grifo de la ducha con unas esposas y viendo como el cuerpo desmembrado de mi padre, caía de una bolsa de plástico negra hasta llegar al suelo. Grité, grité con todas mis fuerzas, pero de nada sirvió. Estaba sola en aquel lugar. Riendo, el hombre soltó el cuerpo inerte de mi madre, que aún respiraba, y se sentó en el baño, agarrando el cabello de la mujer.
-¡Mamá! – Grité - ¡MAMÁ POR FAVOR DESPIERTA!
-No te oye – Susurró el hombre – María, cántame una canción…
-¿Eh?
-María – Repitió – Cántame una canción…
-¡Estás loco! – Grité – Por favor para… no te hemos hecho nada…
-María tiene una ovejita… - El hombre empezó a cantar lentamente, mientras cogía una navaja oxidada y lo acercó al cuello de mi madre – una ovejita… una ovejita…
-¿¡QUE VAS A HACERLE?! ¡Por favor para!
-María tiene una ovejita…
-¡PARA!
Demasiado tarde. La navaja desgarró la piel y un chorro de sangre inundó el baño. Sin poder mediar palabra, temblando y llorando, observé como la sangre brotaba del cuello de mi madre…
-María tiene una ovejita…
El hombre cerró la puerta y salió, sin dejar de cantar aquella canción. Estuve en silencio escuchando los pasos de aquel maldito individuo hasta que me percaté de que había salido de casa. Con el corazón en un puño e ignorando los cadáveres de mis pobres padres, comencé a luchar contra las esposas y finalmente, tras golpes patadas y tirones, cedieron. Corrí hacia la puerta y la abrí de una patada. Me encontré en un pasillo desierto, lleno de puertas.
“¡Corre!” Pensé “¡Corre antes de que vuelva!”
Y así hice, corrí por aquel pasillo empujando puertas cerradas, dando patadas a todo lo que encontraba y luchando por mi vida. Tras innumerables puertas cerradas a cal y canto, escuché como unas pisadas se dirigían hacia el lugar en donde yo me encontraba.
-¡Dios mío! - dije desesperada – ¿Qué puedo hacer? Me encontrará, sabrá que me he escapado…
Justo a mi lado, encontré la última puerta, mi última esperanza. Giré el pomo y ¡SÍ1 esta vez lo había logrado! La puerta se había abierto. Me encerré en aquel lugar, que parecía ser un dormitorio. Busqué rápidamente con la mirada algún lugar en donde esconderme, pero no había ningún armario, sólo una cama y un escritorio. Escuchando los pasos acercarse cada vez más deprisa, corrí bajo la cama y me oculté en el preciso instante en que la puerta se abrió de par en par. Vi la sombra de unos zapatos detenerse unos instantes, y después, acercarse rápidamente hacia donde yo me encontraba.
Unas grandes manos tiraron de mi hacia fuera y allí estaba, aquel hombre loco, con sus cruel sonrisa y un gran jarrón en su mano izquierda.
-María – Susurró mientras levantaba aquel pesado jarro- cántame una canción…
Y todo se volvió negro.”


Abrí los ojos de repente. Ya no necesitaba saber más. Salí de la habitación y corrí hacia el comedor, antes me había parecido ver una puerta de salida, podría salir por allí y correr con todas mis fuerzas hasta encontrar a alguien y poder pedirle ayuda. Al fin llegué al comedor y, efectivamente, allí estaba la puerta. Corrí hacia ella y tiré del pomo. Cerrada. Horrorizada, seguí empujando e insistiendo, no podía morir allí…. De repente, mi mano se escapó y dio un golpe a un marco de fotos, que cayó estrepitosamente haciéndose añicos contra el suelo. La foto que en él estaba, salió despedida y quedó boca abajo, dejando ver una inscripción.
La curiosidad pudo más que el miedo, alargué la mano y leí lo que había escrito en el reverso de la foto:

María, debes perdonarme,
por lo que os hice a tu madre y a ti…
siempre te amaré, mi niña.
Te quiere, papá.

Entonces lo oí detrás de mi.

-María tiene una ovejita…

1 comentario:

  1. Me encanta, en serio, me encanta. Aunque te haya hecho correr para que lo subieras pronto, ha valido la pena. Sigue escribiendo porque sabes que no soy la única que piensa que lo haces genial, ale ya te puedes inflar jajajajajaja.
    Me muero de ganas de que subas ya otra historia, venga.
    PD: soy tu primer comentario, JÁ.

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