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lunes, 29 de septiembre de 2014

Páginas en Blanco-1 Temporada: Capítulo 4 y 5

¡¡Buen lunes a todos/as!! Debo pedir disculpas por estas MINI vacaciones que me he tomado... sé que no deberia hacerlo pero tengo muchos problemas con el portátil ultimamente, así que decidí comprarme un ORDENADOR NUEVO *0* Bueno esto realmente es una utopía pero espero ir ahorrando poco a poco y poder conseguirlo :)
Como sé que no está bien dejar a medias una historia y encima irme sin avisar, ¡¡¡hoy traigo dos capítulos seguidos!!! Ya estamos llegando al final :( es cortita... pero bueno no os olvideis de que habrá segunda parte! Aun que entre medio de una y otra tengo pensado mostrar una historia en la que estoy trabajando actualmente, para deconectar un poco de la historia principal. Bueno pido disculpas de nuevo y espero que les guste este capítulo doble!! Nos vemos el próximo DOMINGO (Ahora sí...)
¡¡Síganme, compartan y comenten!!

Páginas en Blanco-Temporada 1



Capítulo 4 
 Las manos del doctor recorrieron su espalda desnuda. El chequeo fue rápido, en silencio, únicamente se oía la respiración agitada de Emily. Los análisis no transcurrieron con la misma velocidad.
-Nada - dijo el doctor – no percibo nada anormal en su organismo, y los análisis también han dado negativo.
- Entonces, ¿Cómo explica lo ocurrido? – Rosa permanecía de pie, paseando por la consulta, pues su inquietud le impedía estar sentada.
El doctor Colin Looper, pues así lo denominaba su distintivo, fulminó a Emily con la mirada.
-No lo sé, señora, pero los resultados son claros, la señorita Emily se halla en perfecto estado.
Después de recetar algunos medicamentos, la mayoría tranquilizantes y somníferos, Emily y Rosa salieron del hospital, ésta última despedazó con rabia los papeles y los depositó en una papelera cercana bajo la inquieta mirada de Emily.
-No vas a tomarte ninguna de estas porquerías – Afirmó con enojo – Mañana te llevaré a otro hospital.
Pero fue en vano, la conclusión del doctor fue idéntica que el anterior. No había nada insólito en la salud de Emily.

-¡No lo entiendo! – Gritó inesperadamente John, lo que hizo levantar a Emily de su asiento – Lo siento – se disculpó – pero si no tienes nada, ¿porqué vomitaste sangre? no es como si mintieras, yo estaba allí…
-John – Le cortó Emily - ¿De qué me estás hablando?
Sonó el teléfono.
-¿Cómo que de qué?, pues lo de… - La cara de perplejidad de Emily inquietó a John - ¿No te acuerdas?
-¿De qué?
John iba a contestar su pregunta cuando Rosa apareció súbitamente en la habitación.
-John, tu madre acaba de llamar – Anunció Rosa – Ha dicho, que si en cinco minutos no estás en casa, te quedarás sin cenar.
Al escuchar esto, John se despidió de Emily con rapidez y salió por la puerta tropezándose con el escalón.
-Vamos a cenar – Emily desvió la mirada de la puerta para mirar a Rosa, que sonreía.
Asintió y esperó a que Rosa fuera a la cocina para ensimismarse en sus pensamientos. Las palabras de John habían desconcertado a Emily, ¿de qué debía acordarse?
La voz de Rosa la alarmó así que decidió ir a cenar antes de que entrara en el salón para buscarla.
Después de una cena inusualmente seria, acompañada por un insólito té muy amargo, Emily empezó a adormecerse, sus parpados caían con rapidez y numerosos bostezos escapaban de su garganta así que decidió ir a la cama, aún era temprano pero estaba muy cansada. Observó el reloj de la sala de estar: las siete. Asombrada por la temprana cena, se dirigió al baño para despejarse. Ya en él, humedeció sus manos y con lentitud, sumergió su rostro en el agua. Al buscar con ojos cerrados la toalla, tropezó con unos medicamentos que resultaron ser unos somníferos similares a los que el doctor Looper le había recetado, la caja estaba abierta y faltaban dos pastillas, ¿de Rosa?
Emily temió un posible colapso al tener que sujetarse a la puerta al salir del baño, pues su cansancio era extremo. Con dificultad, llegó al dormitorio y se tumbó en la cama, cerró los ojos y el sueño logró abatirla.

El reloj sonó con estrepito al caerse del escritorio. Los ojos de Emily se abrieron, tenía sed. Con dificultad, tanteó en la oscuridad en busca de un vaso de agua. Alguien abrió la puerta de la habitación con cuidado, Emily se incorporó en la cama e intentó ver en la oscuridad, sin éxito.
-¿Rosa?
Unas grandes manos se cerraron en su cuello obstruyendo sus vías respiratorias.
Emily se ahogaba.


Capítulo 5

La lucha transcurrió en silencio. La oscuridad envolvía el dormitorio, dificultando el poder distinguir alrededor. Emily perdía las fuerzas por momentos.  Las manos del agresor obstaculizaban su respiración, su corazón latía más lentamente a cada segundo que transcurría, sus ojos lagrimeaban. El timbre de la puerta sonó violentamente. El individuo detuvo su agresión, y Emily tuvo unos instantes para respirar. Al darse cuenta de que la niña recuperaba el aliento, reanudó su estrangulamiento con más firmeza. Emily sintió su estomago contraerse y su garganta arder como el fuego. Las ansias volvieron y la sangre se derramó sobre el cuerpo de Emily y su agresor que, asqueado, relajó sus manos. En el instante que Emily fue consciente de que el timbre había dejado de sonar, las luces de la habitación se encendieron.  Abrió los ojos que había mantenido cerrados. La primera impresión que tuvo, fue que la persona sobre ella la debía haber ayudado, no obstante, descartó la idea al percatarse de que las manos estaban alrededor de su cuello. Aún si se lo hubieran jurado, no lo habría aceptado. Rosa la había soltado y observaba la puerta.
-¡Aléjate de ella! – Bramó John, su cara residía blanca como el papel.
La mirada de Rosa se hallaba desenfocada, dirigió sus ojos a Emily, que se encogió con miedo.
-Lo haré – Susurró Rosa – Lo haré antes de que hagas lo mismo que ella.
¿Qué ella?, ¿Quién? Las palabras de Rosa quedaron adheridas en los pensamientos de Emily.
Se abalanzó hacia John gritando. Emily intentó moverse de la cama pero sus piernas estaban paralizadas de miedo. Observó desde su asiento como Rosa arrojó a John al suelo e intento estrangular al joven con sus grandes manos. Emily gritó con todas sus fuerzas suplicando ayuda.
No mucho tiempo después, la policía apareció. Por lo visto, los vecinos les llamaron alarmados por los golpes y los gritos de Emily. Se llevaron a Rosa, que no detenía sus sollozos y susurraba con pesadumbre:
Tenía que hacerlo, era por su bien…”
 Emily temblaba, pese a que John la abrazaba, no sentía el calor de su cuerpo y el frío le hacía tiritar. ¿Era el frío o las palabras de Rosa lo que producían temblores?
Algo en su mente deambulaba sin descanso. ¿Quién era la persona de la que hablaba? ¿Qué fue lo que hizo? ¿Qué haría ella?
-Emily – Susurró John - ¿Estás bien?
Ella asintió, no quería preocupar a John con sus pensamientos. Este la miró con el ceño fruncido y suspiró.
-Volví porque al llegar a casa, mi madre me comentó que nunca había llamado a Rosa, es más, ni siquiera tenía su número de teléfono. Me preocupó así que decidí volver, pero mi madre me lo impedía, poniendo el pretexto de la hora, ya sabes, así que tuve que esperar a que estuviera durmiendo para escaparme, siento haber tardado tanto.
Emily volvió a asentir, no escuchaba completamente las palabras de John, estaba mareada.
Unos inspectores les ordenaron irse a casa de John, pues era muy tarde, pero a la mañana siguiente debían ir a comisaría a testificar. Como Emily era huérfana, debían encontrar una solución a su reciente falta de tutor legal, quizás un orfanato.
¿Para qué quería un orfanato? Ella estaba bien en su casa junto a Rosa.
Sus pensamientos eran confusos, ¿Qué estaba pasando? El cansancio desorientaba a Emily.
Al irse los policías, John se acercó a la cama de donde Emily no se había movido.
-Vayamos a mi casa, estarás cansada, ya lo hablaremos todo mañana ahora es muy confuso, seguro que puedes quedarte conmigo – Sonrió – Vamos, levántate, voy a buscar tu abrigo.
Emily se incorporó e intento trasladar sus piernas al suelo, pero no pudo. No le respondían, es más, no las sentía. Las frotó con fuerza e incluso las pellizcó, pero no hubo reacción alguna, es como si no estuvieran, como si en su lugar hubiera aire.
Su respiración agitada alertó a John que se aproximó con rapidez a Emily.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien?
-No…
-¿Qué?
-No puedo caminar.
La mirada desconcertada de John se convirtió en asombro al ver que las piernas de Emily no respondían a las acciones que ésta elaboraba para moverlas.
John le ayudó a levantarse, pero los dos cayeron al suelo con gran estrepito.
-… - Emily susurró algo.
-¿Has dicho algo?
-Quiero leer aquel borrador.
John miró los ojos castaños de su amiga, que en ese momento, perdían el brillo.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Páginas en Blanco-1 Temporada: Capítulo 3

¡¡Muuuuuuuuuy buenas noches!! Bienvenidos un domingo mas al Blog de Cephei :) ¡Tercer capítulo de esta pequeña novela! Sé que es un poco tarde pero espero que disfruten de este cortito capítulo. Al terminar la primera temporada, cambiaremos un poco de temática y empezaré a colgar algunas historias cortas de uno o dos capítulos y luego seguiremos con la segunda temporada. He decidido hacerlo así para que no se haga muy pesado, pero si desean que continúe sin ninguna interrupción, por favor agradecería que comentasen su opinión! Siempre sera bien recibida! Disfruten de la historia y nso vemos el próximo domingo.
¡Muchas grácias! Síganme, compartan y comenten.

Páginas en Blanco-Temporada 1

Capítulo 3

Emily paseaba de un lado al otro de la habitación con nerviosismo. Sus pertenencias permanecían sobre la cama, junto a su ropa. Delante del espejo arreglaba su pelo con manos temblorosas y no paraba de mirar el reloj que reposaba sobre el escritorio. Pronto John llegaría a recogerla. Se quedó ensimismada ante su reflejo, escrutando el interior vacío de sus ojos…
El  timbre de la puerta sonó con gran estrepito, Emily se sobresaltó, pues ya eran pasadas las cinco y aún estaba sin vestir. A lo lejos oyó la voz de John saludar a Rosa.
-Emily está en su habitación, la avisaría yo misma pero estoy muy ocupada.
Emily escucho las pisadas torpes de John y se le aceleró el corazón.
-La camisa… la camisa…
La puerta de la habitación se abrió de par en par y tras ella, dispuesto a entrar, estaba John con su sonrisa picara, la cual borró de inmediato al ver a Emily a medio vestir, en su lugar, un rubor intensó adornó sus mejillas.
-¡John cierra la puerta!
La puerta se cerró con la misma facilidad con la que se había abierto.
-¿Qué se supone que haces?
John hablaba desde el otro lado de la puerta. Su voz parecía agitada.
-¿Tú qué crees? Pues vestirme.
-¿Sabes la hora que es?
-Sí, lo sé. No me agobies más, ya acabo.
Emily salió de la habitación completamente vestida y peinada, lo que fue un gran alivio para John, que aún conservaba un color carmesí en su rostro.
- Vámonos.
Los dos salieron de la casa a paso ligero, pues ya llegaban tarde. Desde casa de Emily llegar al lugar acordado les llevaría unos seis minutos, los cuales pasaron en un agobiante y vergonzoso silencio. Al llegar al lugar, pudieron distinguir desde lejos un grupo de jóvenes que hablaban animadamente, Emily distinguió a una de las chicas que formaban el grupo, era Agatha. Al ver a John y Emily corrió hacia ellos.
-¡Llegáis tarde! - Su voz estaba llena de entusiasmo.
-Lo sé - Dijo John mirando disimuladamente a Emily - Lo siento, ¿habéis esperado mucho?
-No mucho tranquilo – Una muchacha morena se adelantó a Agatha – Yo acabo de llegar.
Tres personas más se habían unido a la conversación, un joven alto y de ojos verdes, otro chico más bajito y rubio, y una muchacha con largas trenzas.
-¡Ah! es verdad, ella es Emily - Señaló a Emily con la mano – A ver, esta es...
-Soy Sarah, mucho gusto – Sarah era la chica morena que había hablado antes.
Agatha parecía molesta por su intervención.
Sí… bien, esta es Laura – Señaló a la chica de las trenzas, que agitó la mano – Sam – El chico bajito saludó con un movimiento de cabeza – Y Bill – El restante individuo se adelantó y estrechó la mano de Emily con una sonrisa.
 John frunció el entrecejo.
-Bueno, ¿vamos? – John parecía molesto – La película ya habrá empezado.
 El grupo de jóvenes se dirigió hacia el cine con entusiasmo, Emily estaba un poco mareada.
La tarde pasó rápidamente, después del cine decidieron ir a comer y se sentaron en un banco de una pequeña plaza que había cerca de la casa de Emily. Hablaron de temas los cuales a Emily no le importaban, pero decidió es cuchar. El chico alto, Bill, no se separaba de ella, lo cual parecía molestar a John. Después de mucho tiempo, las chicas decidieron ir a unos baños públicos de un establecimiento que había cerca de la plaza e invitaron a Emily, la cual aceptó, pues no quería estar cerca de John y Bill que parecían no llevarse bien. Emily las esperó fuera junto a Sarah, que tampoco quería entrar. Cada minuto se encontraba peor, y su garganta ardía como el fuego.
-Oye, Emily…
-Sí, dime.
Sarah la miró con aire preocupado.
-¿Estas bien? – Preguntó – No tienes buena cara.
-Eh… sí estoy bien.
 No parecía totalmente convencida.
Sarah cambió de tema rápidamente, el estomago de Emily se contrajo.
Al salir del servicio, se dirigieron hacia los chicos que las esperaban con impaciencia en la plaza. John sonrió. El corazón de Emily se encogió dolorosamente y su cabeza empezó a dar vueltas, su cuerpo se precipitó al suelo. Las voces de sus compañeros llegaban a sus oídos con lentitud. Su pecho dolía y su respiración era entrecortada, le costaba inhalar. De repente,  las imágenes se volvieron nítidas y el airé penetró limpiamente en sus pulmones. Los rostros de preocupación y miedo de sus compañeros se reflejaban en sus ojos.  John, que había permanecido cerca de ella, se aproximó aún más al ver que recuperaba el conocimiento.
-¡¿Emily, estás bien?!
La voz alarmada de John resonó en sus tímpanos. Despegó sus labios para contestarle, pero no pudo mediar palabra. Las lágrimas brotaron de sus ojos y su cuerpo empezó a temblar. John se asustó y exigió a sus compañeros, que estaban tan preocupados como él, ayuda. Emily sintió opresión en su pecho, y su estomago se revolvió. Tapó su boca con la mano e intentó reprimir sus ansias, en vano. Tosió con fuerza y notó que algo caliente surgía de su boca. Asqueada, se apartó de John, que la miraba con inquietud. Se asombró ante su mirada, y dirigió sus ojos hacia su mano, en ella, un espeso líquido carmesí se vertía lentamente. Sangre.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Páginas en Blanco- 1 Temporada: Capítulo 2

¡Buenas noches blogeros/as! Bienvenidos un día más al Blog de Cephei :) Hoy os traigo el segundo capítulo de la última historia que colgué, la de Páginas en Blanco. Perdón por el retraso pero he tenido problemas con el ordenador :'( ¡Espero que disfruten del nuevo capítulo! ¡Si les gusta por favor comenten y síganme!
Muchas gracias ;) Les espero el próximo DOMINGO.

Páginas en Blanco-Temporada 1

Capítulo 2




Las horas pasaban lentamente. Las aulas vibraban continuamente a causa del estrepito que formaban los alumnos. Las voces penetraban por sus oídos, al igual que las risas, aún así las ignoraba por completo. Solitaria en su asiento, se distraía con cualquier cosa que adentrara en su campo de visión. Nunca había tenido amigos y menos aún la voluntad para hacerlos. John era la única persona con la cual compartía una amistad aún así, muchas personas habían intentado iniciar una conversación la cual estuviera compuesta por más de dos palabras, sin éxito. El repentino silencio que irrumpió en el aula dio a entender a Emily que el profesor había iniciado la clase no obstante, los susurros no cesaron. Emily dirigió su mirada hacia John, que sonreía descaradamente, al percatarse de que Emily lo miraba se ruborizó y la saludó agitando vigorosamente la mano.
Emily miró el reloj de pared ubicado sobre la pizarra, maldiciendo el haber olvidado su libro de texto. El profesor comenzó a nombrar a los alumnos uno a uno por orden alfabético, sin percatarse de que la mano de Emily se agitaba en el aire reclamando atención.
-Raggers, Martin.
-Presente.
-Smith, John.
-Síííí.
-Conteste de manera normal por favor, bien, Wright, Emily.
-Sí, emm… esto…
El profesor dirigió sus ojos hacia Emily.
-¿Sí, desea algo señorita Wright?-La voz del profesor temblaba ligeramente.
-Emm… pues… he olvidado el libro de texto.
Los diminutos ojos de Alfred Dallas se estrecharon hasta formar una obertura en donde apenas se podían distinguir el iris de la pupila. En su rostro se reflejaba el asombro y parecía que las palabras llegaban a sus oídos con dificultad.
-¿Eh?... ah sí… sí claro, no hay problema, siéntate junto a Doyle.
Emily miró en dirección donde señalaba. Una muchacha de largos cabellos rizados y rojizos miraba al profesor con cara de pocos amigos. Emily se levantó de su asiento con pesar y lentamente caminó hacia el asiento vació al lado de la joven. Las presentaciones se formularon rápidamente, entre susurros. El nombre de su compañera resultó ser Agatha, Agatha Doyle. Emily también descubrió lo mucho que puede hablar una persona en tan poco tiempo, no obstante, ignoraba sus palabras y solo asentía de vez en cuando para simular atención. Al acabar la clase Emily suspiró con alivio, había soportado una hora completa las palabras de su compañera cuando no le interesaban lo más mínimo. Se levantó dispuesta a volver a su asiento cuando algo le detuvo, Agatha le sujetaba con fuerza del brazo y su sonrisa era exagerada.
-Oye Emily, ¿tienes algo que hacer mañana por la tarde?
Emily pestañeó desorientada.
-Pues no.
-¡Bien! Pues perfecto, entonces ven con nosotros.
-¿Vosotros? - A Emily se le hacía cada vez más complicado seguir la conversación.
-Yo y unos cuantos amigos más, iremos a divertirnos.
-Pues…
-John también viene.
Emily se ruborizó ligeramente, e intentó disimular su asombro.
-¿John también?
-Sí, ayer le pregunté y dijo que no había problema. ¿Tú también te apuntas no?
Emily asintió con la cabeza, no muy segura de sus acciones. Agatha satisfecha de si misma, se levantó y salió del aula con su exagerada sonrisa.
Al empezar la siguiente clase, Emily empezó a debatir sobre su situación y como conclusión decidió ir, de repente la presencia de John la alejó de sus pensamientos.
-¿Es verdad que vas a ir mañana?
Su cara de perplejidad divirtió a Emily, que asintió de forma enérgica. Un poco de diversión no mataba a nadie, por muy antisocial que fuese. O eso creía...

lunes, 1 de septiembre de 2014

Páginas en Blanco-1 Temporada: Capítulo 1

¡Buenas noches! Volvemos una semana mas en el Blog de Cephei. Ya casi se terminan las vacaciones de verano, justo hoy, pues ya son las doce de la noche, es el primer día de septiembre. Colegios, trabajos... todo parece iniciarse y volver a la rutina en este mes. Aunque considero que es algo pronto, hoy les traigo el primer capítulo de una novela que escribí hace unos años. La historia cuenta con dos temporadas, la primera fué escrita hace tres años y la segunda la terminé hace un par de meses así que quizás noten la diferencia en cuanto la forma de escribir, ya que a lo largo de los años he ido modificando mi estilo. Decidí comenzar con esta historia larga para poder tener tiempo e escribiendo otras cosas. ¡Si les gusta por favor comenten! Síganme y denme ideas de nuevas historias que podría ir escribiendo :)
¡Muchas gracias!

Páginas en Blanco-1 Temporada

Capítulo 1

Terminó la palabra con un sutil movimiento. Sus manos temblaban a causa de la emoción, pues se había esforzado mucho en encontrar un bonito final. Repentinamente se levantó haciendo caer la silla y se dirigió a grandes zancadas hacia una habitación cerrada con llave que intento abrir sin éxito, miró alrededor desesperada en busca de Rosa.
 -¿Rosa? – Nadie contestó - ¿Rosa estás ahí? - Al entrar en la cocina se percato del inusual silencio y dirigió su mirada hacia un pequeño papel, que reposaba sobre los fogones.
      “Querida niña:
       Salí a hacer la compra,
       volveré en diez minutos,
       ten paciencia y no armes ningún alboroto.
       Rosa”

Suspiró. Rompió el papel en pequeños trozos y los deposito en un cubo. Rosa era una mujer de avanzada edad que cuidaba de ella desde que era muy pequeña. Era robusta, de ojos negros y cabello canoso recogido en un moño, tranquila y amable.
Caminó lentamente hacia el salón y se desplomó en una butaca que tiempo atrás había pertenecido a su padre. Acarició con cariño la funda que lo envolvía, e intentó recordar los días en que sus padres vivían, sin éxito. Suspiró y ojeó las páginas que sostenía, esbozando una sonrisa de satisfacción. Las abrazó con delicadeza, pues no quería arrugar todas las noches de esfuerzo por las cuales había pasado para acabar su pequeña novela.
Emily dio un respingo al escuchar el timbre de la puerta. Se apresuró a abrir, pues esperaba a Rosa desde hacía ya más de quince minutos. Pero no era Rosa quien se encontraba tras ella, en su lugar un muchacho de cabellos dorados y ojos añil sonreía descaradamente.
      -Buenos días Emily- Saludó.
      -Ah, eres tu John – Emily dio media vuelta dejando la puerta abierta, John entró sin suprimir la sonrisa de su rostro.
      -Oye John, ¿para qué has venido?
      -¿Eso es tu novela?-John señalaba el fajo de hojas que retenía Emily en sus manos.
Ella cabeceó de forma afirmativa.
      -¿Ya la as acabado?
Volvió a asentir.
      -Has tardado mucho- John alargó el brazo en dirección a las manos de Emily para coger los papeles,  pero ella le rechazó.
      -No- Su tono era de superioridad, John se extrañó.
      -¿Por qué?
      -Nadie puede verla- Afirmó Emily con la misma sonrisa descarada que momentos antes      había empleado John.
      -¿Porqué?-Volvió a preguntar John con incredulidad.
      -John, a veces pareces tonto- Dijo la chica con rudeza- no quiero que la lea nadie, me da vergüenza.
      -Pero somos amigos, ¡a mí me la puedes enseñar!
Emily negó con la cabeza. Era cierta la afirmación de John,  ambos muchachos compartían una amistad, siempre habían estado juntos.
La joven se quedó mirando al muchacho, en su mente, se debatían varias opciones, ninguna le parecía adecuada. John se sonrojó al ver que Emily le observaba, finalmente rompió el silencio.
      -¿Qué miras?
      -Está bien.
      -¿Qué?
      -Que puedes leerla, pero no digas nada.
      -¿De verdad?
Emily cabeceó afirmativamente y le mostró a John las hojas, él las cogió con emoción y comenzó a leer rápidamente sin apenas pestañear.
Rosa volvió un par de minutos después, sonriente al ver a los dos niños juntos. Emily dejó a John enfrascado en la lectura y se dirigió a la cocina, donde rosa ordenaba la compra.
      -¿Que hay para comer?-Preguntó Emily tímidamente.
      -Tenemos las sobras de la cena.
Emily ya sabía eso, la rutina era siempre la misma. La niña suspiró, le resultaba difícil hallar las palabras adecuadas para formular su petición sin parecer ansiosa.
      -¿Ya as acabado la novela?
Emily se sobresaltó. Se había quedado en silencio en medio de la conversación y Rosa la miraba fijamente.
      -Eh… sí, sí, ya la he acabado - Tardó unos instantes en asimilar su pregunta.
Rosa sonrió amablemente, y acarició el cobrizo cabello de la niña.
      -La llave está en mi habitación, puedes cogerla.
La sonrisa triunfante de Emily se extendió por su rostro. Salió a toda prisa de la cocina y se dispuso a subir las escaleras que conducían al segundo piso.
Al final del pasillo se divisaba una gran puerta de madera, el dormitorio de Rosa. Caminó sigilosamente sin motivo aparente, solo por costumbre, hasta detenerse frente la puerta,  y giró el pomo con delicadeza pretendiendo hacer el menor ruido posible. La habitación de Rosa era pequeña, las paredes se hallaban cubiertas de estrafalarios dibujos sin sentido los cuales siempre llamaron la atención de Emily. Los únicos muebles que habitaban en la sala eran: una gran cómoda de madera, una pequeña cama adornada con sabanas blancas, y una mesita de noche con un solo cajón, que se encontraba entreabierto. Sobre las mullidas sabanas, Emily divisó una gran llave dorada. Asió la llave con fuerza y al dar media vuelta para salir del dormitorio, observó el cajón entreabierto, decidió fisgonear un poco así que lo abrió con cuidado y miró en el interior. Había solamente un fajo de papeles con la inscripción “Páginas en Blanco”, parecía una novela. Un escalofrío recorrió hasta la última célula del cuerpo de Emily, lo que le hizo soltar los papeles y hacer que se esparcieran por el  suelo. Escuchó pasos que subían las escaleras, así que asió los folios desordenadamente y los guardó en el cajón de manera que en la primera página se podía leer claramente las palabras: “Olvidó”.
      -Emily - La voz de John extrajo a Emily de su ensimismamiento - ¿Qué haces?
El atractivo rostro de John emergió de la nada.
      -John - Susurró Emily -  Me has asustado.
      -Lo siento - John se encogió de Hombros - He acabado de leerla, me ha gustado mucho.
      -¿De verdad?
      -Sí.
Emily abrazó a John temblando. John se ruborizó e intentó separarse de ella, sin éxito.
     -¿Qué pasa Emily? - Preguntó John tímidamente.
      -Gracias – Susurró, con voz casi inaudible.
John sonrió y le devolvió el abrazo.