¡¡Muuuuuuuuuy buenas noches!! Bienvenidos un domingo mas al Blog de Cephei :) ¡Tercer capítulo de esta pequeña novela! Sé que es un poco tarde pero espero que disfruten de este cortito capítulo. Al terminar la primera temporada, cambiaremos un poco de temática y empezaré a colgar algunas historias cortas de uno o dos capítulos y luego seguiremos con la segunda temporada. He decidido hacerlo así para que no se haga muy pesado, pero si desean que continúe sin ninguna interrupción, por favor agradecería que comentasen su opinión! Siempre sera bien recibida! Disfruten de la historia y nso vemos el próximo domingo.
¡Muchas grácias! Síganme, compartan y comenten.
Páginas en Blanco-Temporada 1
Capítulo 3
Emily
paseaba de un lado al otro de la habitación con nerviosismo. Sus pertenencias
permanecían sobre la cama, junto a su ropa. Delante del espejo arreglaba su
pelo con manos temblorosas y no paraba de mirar el reloj que reposaba sobre el
escritorio. Pronto John llegaría a recogerla. Se quedó ensimismada ante su
reflejo, escrutando el interior vacío de sus ojos…
El timbre de la puerta sonó con gran estrepito, Emily se sobresaltó, pues ya eran pasadas las cinco y aún estaba sin vestir. A lo lejos oyó la voz de John saludar a Rosa.
-Emily está en su habitación, la avisaría yo misma pero estoy muy ocupada.
Emily escucho las pisadas torpes de John y se le aceleró el corazón.
-La camisa… la camisa…
La puerta de la habitación se abrió de par en par y tras ella, dispuesto a entrar, estaba John con su sonrisa picara, la cual borró de inmediato al ver a Emily a medio vestir, en su lugar, un rubor intensó adornó sus mejillas.
-¡John cierra la puerta!
La puerta se cerró con la misma facilidad con la que se había abierto.
-¿Qué se supone que haces?
John hablaba desde el otro lado de la puerta. Su voz parecía agitada.
-¿Tú qué crees? Pues vestirme.
-¿Sabes la hora que es?
-Sí, lo sé. No me agobies más, ya acabo.
Emily salió de la habitación completamente vestida y peinada, lo que fue un gran alivio para John, que aún conservaba un color carmesí en su rostro.
- Vámonos.
Los dos salieron de la casa a paso ligero, pues ya llegaban tarde. Desde casa de Emily llegar al lugar acordado les llevaría unos seis minutos, los cuales pasaron en un agobiante y vergonzoso silencio. Al llegar al lugar, pudieron distinguir desde lejos un grupo de jóvenes que hablaban animadamente, Emily distinguió a una de las chicas que formaban el grupo, era Agatha. Al ver a John y Emily corrió hacia ellos.
-¡Llegáis tarde! - Su voz estaba llena de entusiasmo.
-Lo sé - Dijo John mirando disimuladamente a Emily - Lo siento, ¿habéis esperado mucho?
-No mucho tranquilo – Una muchacha morena se adelantó a Agatha – Yo acabo de llegar.
Tres personas más se habían unido a la conversación, un joven alto y de ojos verdes, otro chico más bajito y rubio, y una muchacha con largas trenzas.
-¡Ah! es verdad, ella es Emily - Señaló a Emily con la mano – A ver, esta es...
-Soy Sarah, mucho gusto – Sarah era la chica morena que había hablado antes.
Agatha parecía molesta por su intervención.
Sí… bien, esta es Laura – Señaló a la chica de las trenzas, que agitó la mano – Sam – El chico bajito saludó con un movimiento de cabeza – Y Bill – El restante individuo se adelantó y estrechó la mano de Emily con una sonrisa.
John frunció el entrecejo.
-Bueno, ¿vamos? – John parecía molesto – La película ya habrá empezado.
El grupo de jóvenes se dirigió hacia el cine con entusiasmo, Emily estaba un poco mareada.
La tarde pasó rápidamente, después del cine decidieron ir a comer y se sentaron en un banco de una pequeña plaza que había cerca de la casa de Emily. Hablaron de temas los cuales a Emily no le importaban, pero decidió es cuchar. El chico alto, Bill, no se separaba de ella, lo cual parecía molestar a John. Después de mucho tiempo, las chicas decidieron ir a unos baños públicos de un establecimiento que había cerca de la plaza e invitaron a Emily, la cual aceptó, pues no quería estar cerca de John y Bill que parecían no llevarse bien. Emily las esperó fuera junto a Sarah, que tampoco quería entrar. Cada minuto se encontraba peor, y su garganta ardía como el fuego.
-Oye, Emily…
-Sí, dime.
Sarah la miró con aire preocupado.
-¿Estas bien? – Preguntó – No tienes buena cara.
-Eh… sí estoy bien.
No parecía totalmente convencida.
Sarah cambió de tema rápidamente, el estomago de Emily se contrajo.
Al salir del servicio, se dirigieron hacia los chicos que las esperaban con impaciencia en la plaza. John sonrió. El corazón de Emily se encogió dolorosamente y su cabeza empezó a dar vueltas, su cuerpo se precipitó al suelo. Las voces de sus compañeros llegaban a sus oídos con lentitud. Su pecho dolía y su respiración era entrecortada, le costaba inhalar. De repente, las imágenes se volvieron nítidas y el airé penetró limpiamente en sus pulmones. Los rostros de preocupación y miedo de sus compañeros se reflejaban en sus ojos. John, que había permanecido cerca de ella, se aproximó aún más al ver que recuperaba el conocimiento.
-¡¿Emily, estás bien?!
La voz alarmada de John resonó en sus tímpanos. Despegó sus labios para contestarle, pero no pudo mediar palabra. Las lágrimas brotaron de sus ojos y su cuerpo empezó a temblar. John se asustó y exigió a sus compañeros, que estaban tan preocupados como él, ayuda. Emily sintió opresión en su pecho, y su estomago se revolvió. Tapó su boca con la mano e intentó reprimir sus ansias, en vano. Tosió con fuerza y notó que algo caliente surgía de su boca. Asqueada, se apartó de John, que la miraba con inquietud. Se asombró ante su mirada, y dirigió sus ojos hacia su mano, en ella, un espeso líquido carmesí se vertía lentamente. Sangre.
El timbre de la puerta sonó con gran estrepito, Emily se sobresaltó, pues ya eran pasadas las cinco y aún estaba sin vestir. A lo lejos oyó la voz de John saludar a Rosa.
-Emily está en su habitación, la avisaría yo misma pero estoy muy ocupada.
Emily escucho las pisadas torpes de John y se le aceleró el corazón.
-La camisa… la camisa…
La puerta de la habitación se abrió de par en par y tras ella, dispuesto a entrar, estaba John con su sonrisa picara, la cual borró de inmediato al ver a Emily a medio vestir, en su lugar, un rubor intensó adornó sus mejillas.
-¡John cierra la puerta!
La puerta se cerró con la misma facilidad con la que se había abierto.
-¿Qué se supone que haces?
John hablaba desde el otro lado de la puerta. Su voz parecía agitada.
-¿Tú qué crees? Pues vestirme.
-¿Sabes la hora que es?
-Sí, lo sé. No me agobies más, ya acabo.
Emily salió de la habitación completamente vestida y peinada, lo que fue un gran alivio para John, que aún conservaba un color carmesí en su rostro.
- Vámonos.
Los dos salieron de la casa a paso ligero, pues ya llegaban tarde. Desde casa de Emily llegar al lugar acordado les llevaría unos seis minutos, los cuales pasaron en un agobiante y vergonzoso silencio. Al llegar al lugar, pudieron distinguir desde lejos un grupo de jóvenes que hablaban animadamente, Emily distinguió a una de las chicas que formaban el grupo, era Agatha. Al ver a John y Emily corrió hacia ellos.
-¡Llegáis tarde! - Su voz estaba llena de entusiasmo.
-Lo sé - Dijo John mirando disimuladamente a Emily - Lo siento, ¿habéis esperado mucho?
-No mucho tranquilo – Una muchacha morena se adelantó a Agatha – Yo acabo de llegar.
Tres personas más se habían unido a la conversación, un joven alto y de ojos verdes, otro chico más bajito y rubio, y una muchacha con largas trenzas.
-¡Ah! es verdad, ella es Emily - Señaló a Emily con la mano – A ver, esta es...
-Soy Sarah, mucho gusto – Sarah era la chica morena que había hablado antes.
Agatha parecía molesta por su intervención.
Sí… bien, esta es Laura – Señaló a la chica de las trenzas, que agitó la mano – Sam – El chico bajito saludó con un movimiento de cabeza – Y Bill – El restante individuo se adelantó y estrechó la mano de Emily con una sonrisa.
John frunció el entrecejo.
-Bueno, ¿vamos? – John parecía molesto – La película ya habrá empezado.
El grupo de jóvenes se dirigió hacia el cine con entusiasmo, Emily estaba un poco mareada.
La tarde pasó rápidamente, después del cine decidieron ir a comer y se sentaron en un banco de una pequeña plaza que había cerca de la casa de Emily. Hablaron de temas los cuales a Emily no le importaban, pero decidió es cuchar. El chico alto, Bill, no se separaba de ella, lo cual parecía molestar a John. Después de mucho tiempo, las chicas decidieron ir a unos baños públicos de un establecimiento que había cerca de la plaza e invitaron a Emily, la cual aceptó, pues no quería estar cerca de John y Bill que parecían no llevarse bien. Emily las esperó fuera junto a Sarah, que tampoco quería entrar. Cada minuto se encontraba peor, y su garganta ardía como el fuego.
-Oye, Emily…
-Sí, dime.
Sarah la miró con aire preocupado.
-¿Estas bien? – Preguntó – No tienes buena cara.
-Eh… sí estoy bien.
No parecía totalmente convencida.
Sarah cambió de tema rápidamente, el estomago de Emily se contrajo.
Al salir del servicio, se dirigieron hacia los chicos que las esperaban con impaciencia en la plaza. John sonrió. El corazón de Emily se encogió dolorosamente y su cabeza empezó a dar vueltas, su cuerpo se precipitó al suelo. Las voces de sus compañeros llegaban a sus oídos con lentitud. Su pecho dolía y su respiración era entrecortada, le costaba inhalar. De repente, las imágenes se volvieron nítidas y el airé penetró limpiamente en sus pulmones. Los rostros de preocupación y miedo de sus compañeros se reflejaban en sus ojos. John, que había permanecido cerca de ella, se aproximó aún más al ver que recuperaba el conocimiento.
-¡¿Emily, estás bien?!
La voz alarmada de John resonó en sus tímpanos. Despegó sus labios para contestarle, pero no pudo mediar palabra. Las lágrimas brotaron de sus ojos y su cuerpo empezó a temblar. John se asustó y exigió a sus compañeros, que estaban tan preocupados como él, ayuda. Emily sintió opresión en su pecho, y su estomago se revolvió. Tapó su boca con la mano e intentó reprimir sus ansias, en vano. Tosió con fuerza y notó que algo caliente surgía de su boca. Asqueada, se apartó de John, que la miraba con inquietud. Se asombró ante su mirada, y dirigió sus ojos hacia su mano, en ella, un espeso líquido carmesí se vertía lentamente. Sangre.




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