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lunes, 29 de septiembre de 2014

Páginas en Blanco-1 Temporada: Capítulo 4 y 5

¡¡Buen lunes a todos/as!! Debo pedir disculpas por estas MINI vacaciones que me he tomado... sé que no deberia hacerlo pero tengo muchos problemas con el portátil ultimamente, así que decidí comprarme un ORDENADOR NUEVO *0* Bueno esto realmente es una utopía pero espero ir ahorrando poco a poco y poder conseguirlo :)
Como sé que no está bien dejar a medias una historia y encima irme sin avisar, ¡¡¡hoy traigo dos capítulos seguidos!!! Ya estamos llegando al final :( es cortita... pero bueno no os olvideis de que habrá segunda parte! Aun que entre medio de una y otra tengo pensado mostrar una historia en la que estoy trabajando actualmente, para deconectar un poco de la historia principal. Bueno pido disculpas de nuevo y espero que les guste este capítulo doble!! Nos vemos el próximo DOMINGO (Ahora sí...)
¡¡Síganme, compartan y comenten!!

Páginas en Blanco-Temporada 1



Capítulo 4 
 Las manos del doctor recorrieron su espalda desnuda. El chequeo fue rápido, en silencio, únicamente se oía la respiración agitada de Emily. Los análisis no transcurrieron con la misma velocidad.
-Nada - dijo el doctor – no percibo nada anormal en su organismo, y los análisis también han dado negativo.
- Entonces, ¿Cómo explica lo ocurrido? – Rosa permanecía de pie, paseando por la consulta, pues su inquietud le impedía estar sentada.
El doctor Colin Looper, pues así lo denominaba su distintivo, fulminó a Emily con la mirada.
-No lo sé, señora, pero los resultados son claros, la señorita Emily se halla en perfecto estado.
Después de recetar algunos medicamentos, la mayoría tranquilizantes y somníferos, Emily y Rosa salieron del hospital, ésta última despedazó con rabia los papeles y los depositó en una papelera cercana bajo la inquieta mirada de Emily.
-No vas a tomarte ninguna de estas porquerías – Afirmó con enojo – Mañana te llevaré a otro hospital.
Pero fue en vano, la conclusión del doctor fue idéntica que el anterior. No había nada insólito en la salud de Emily.

-¡No lo entiendo! – Gritó inesperadamente John, lo que hizo levantar a Emily de su asiento – Lo siento – se disculpó – pero si no tienes nada, ¿porqué vomitaste sangre? no es como si mintieras, yo estaba allí…
-John – Le cortó Emily - ¿De qué me estás hablando?
Sonó el teléfono.
-¿Cómo que de qué?, pues lo de… - La cara de perplejidad de Emily inquietó a John - ¿No te acuerdas?
-¿De qué?
John iba a contestar su pregunta cuando Rosa apareció súbitamente en la habitación.
-John, tu madre acaba de llamar – Anunció Rosa – Ha dicho, que si en cinco minutos no estás en casa, te quedarás sin cenar.
Al escuchar esto, John se despidió de Emily con rapidez y salió por la puerta tropezándose con el escalón.
-Vamos a cenar – Emily desvió la mirada de la puerta para mirar a Rosa, que sonreía.
Asintió y esperó a que Rosa fuera a la cocina para ensimismarse en sus pensamientos. Las palabras de John habían desconcertado a Emily, ¿de qué debía acordarse?
La voz de Rosa la alarmó así que decidió ir a cenar antes de que entrara en el salón para buscarla.
Después de una cena inusualmente seria, acompañada por un insólito té muy amargo, Emily empezó a adormecerse, sus parpados caían con rapidez y numerosos bostezos escapaban de su garganta así que decidió ir a la cama, aún era temprano pero estaba muy cansada. Observó el reloj de la sala de estar: las siete. Asombrada por la temprana cena, se dirigió al baño para despejarse. Ya en él, humedeció sus manos y con lentitud, sumergió su rostro en el agua. Al buscar con ojos cerrados la toalla, tropezó con unos medicamentos que resultaron ser unos somníferos similares a los que el doctor Looper le había recetado, la caja estaba abierta y faltaban dos pastillas, ¿de Rosa?
Emily temió un posible colapso al tener que sujetarse a la puerta al salir del baño, pues su cansancio era extremo. Con dificultad, llegó al dormitorio y se tumbó en la cama, cerró los ojos y el sueño logró abatirla.

El reloj sonó con estrepito al caerse del escritorio. Los ojos de Emily se abrieron, tenía sed. Con dificultad, tanteó en la oscuridad en busca de un vaso de agua. Alguien abrió la puerta de la habitación con cuidado, Emily se incorporó en la cama e intentó ver en la oscuridad, sin éxito.
-¿Rosa?
Unas grandes manos se cerraron en su cuello obstruyendo sus vías respiratorias.
Emily se ahogaba.


Capítulo 5

La lucha transcurrió en silencio. La oscuridad envolvía el dormitorio, dificultando el poder distinguir alrededor. Emily perdía las fuerzas por momentos.  Las manos del agresor obstaculizaban su respiración, su corazón latía más lentamente a cada segundo que transcurría, sus ojos lagrimeaban. El timbre de la puerta sonó violentamente. El individuo detuvo su agresión, y Emily tuvo unos instantes para respirar. Al darse cuenta de que la niña recuperaba el aliento, reanudó su estrangulamiento con más firmeza. Emily sintió su estomago contraerse y su garganta arder como el fuego. Las ansias volvieron y la sangre se derramó sobre el cuerpo de Emily y su agresor que, asqueado, relajó sus manos. En el instante que Emily fue consciente de que el timbre había dejado de sonar, las luces de la habitación se encendieron.  Abrió los ojos que había mantenido cerrados. La primera impresión que tuvo, fue que la persona sobre ella la debía haber ayudado, no obstante, descartó la idea al percatarse de que las manos estaban alrededor de su cuello. Aún si se lo hubieran jurado, no lo habría aceptado. Rosa la había soltado y observaba la puerta.
-¡Aléjate de ella! – Bramó John, su cara residía blanca como el papel.
La mirada de Rosa se hallaba desenfocada, dirigió sus ojos a Emily, que se encogió con miedo.
-Lo haré – Susurró Rosa – Lo haré antes de que hagas lo mismo que ella.
¿Qué ella?, ¿Quién? Las palabras de Rosa quedaron adheridas en los pensamientos de Emily.
Se abalanzó hacia John gritando. Emily intentó moverse de la cama pero sus piernas estaban paralizadas de miedo. Observó desde su asiento como Rosa arrojó a John al suelo e intento estrangular al joven con sus grandes manos. Emily gritó con todas sus fuerzas suplicando ayuda.
No mucho tiempo después, la policía apareció. Por lo visto, los vecinos les llamaron alarmados por los golpes y los gritos de Emily. Se llevaron a Rosa, que no detenía sus sollozos y susurraba con pesadumbre:
Tenía que hacerlo, era por su bien…”
 Emily temblaba, pese a que John la abrazaba, no sentía el calor de su cuerpo y el frío le hacía tiritar. ¿Era el frío o las palabras de Rosa lo que producían temblores?
Algo en su mente deambulaba sin descanso. ¿Quién era la persona de la que hablaba? ¿Qué fue lo que hizo? ¿Qué haría ella?
-Emily – Susurró John - ¿Estás bien?
Ella asintió, no quería preocupar a John con sus pensamientos. Este la miró con el ceño fruncido y suspiró.
-Volví porque al llegar a casa, mi madre me comentó que nunca había llamado a Rosa, es más, ni siquiera tenía su número de teléfono. Me preocupó así que decidí volver, pero mi madre me lo impedía, poniendo el pretexto de la hora, ya sabes, así que tuve que esperar a que estuviera durmiendo para escaparme, siento haber tardado tanto.
Emily volvió a asentir, no escuchaba completamente las palabras de John, estaba mareada.
Unos inspectores les ordenaron irse a casa de John, pues era muy tarde, pero a la mañana siguiente debían ir a comisaría a testificar. Como Emily era huérfana, debían encontrar una solución a su reciente falta de tutor legal, quizás un orfanato.
¿Para qué quería un orfanato? Ella estaba bien en su casa junto a Rosa.
Sus pensamientos eran confusos, ¿Qué estaba pasando? El cansancio desorientaba a Emily.
Al irse los policías, John se acercó a la cama de donde Emily no se había movido.
-Vayamos a mi casa, estarás cansada, ya lo hablaremos todo mañana ahora es muy confuso, seguro que puedes quedarte conmigo – Sonrió – Vamos, levántate, voy a buscar tu abrigo.
Emily se incorporó e intento trasladar sus piernas al suelo, pero no pudo. No le respondían, es más, no las sentía. Las frotó con fuerza e incluso las pellizcó, pero no hubo reacción alguna, es como si no estuvieran, como si en su lugar hubiera aire.
Su respiración agitada alertó a John que se aproximó con rapidez a Emily.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien?
-No…
-¿Qué?
-No puedo caminar.
La mirada desconcertada de John se convirtió en asombro al ver que las piernas de Emily no respondían a las acciones que ésta elaboraba para moverlas.
John le ayudó a levantarse, pero los dos cayeron al suelo con gran estrepito.
-… - Emily susurró algo.
-¿Has dicho algo?
-Quiero leer aquel borrador.
John miró los ojos castaños de su amiga, que en ese momento, perdían el brillo.

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