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jueves, 6 de noviembre de 2014

Cruce de caminos: Capítulo 1

Bienvenidos un JUEVES al blog de Cephei!! Les sorprenderá ver que actualizo un jueves y no un domingo (bueno... conmigo ya no les sorprende nada...) y todo esto tiene una buena explicación:
Este fin de semana me voy de vacaciones *u* Bueno algo así como unas vacaciones... Y el domingo muy a mi pesar no estaré con ustedes :( Y bueno había pensado publicar el lunes pero como no quiero que me maten he pensado en darles una alegría y publicar hoy :)
Ya concluida esta introducción, pasemos a la presentación de nuestra NUEVA HISTORIA!!

CHAN CHAN CHAN!!!

Ya hemos terminado la primera temporada de Páginas en Blanco y por fin toca un merecido respiro. 
Esta nueva historia estaba pensada para tener unos dos o tres capítulos, pero bueno... se desmadró la cosa y al final tiene unos cuantos mas ya los iréis viendo jejeje
Antes de nada avisar que ES UNA HISTORIA DE AMOR, con cursiladas y cosas así... aviso para las personas que no gustan de éste género para que no haga falta que lean nada aunque a veces enganchan estas cosas je je je.
Se la debo dedicar a una amiga muy especial, que siempre me ha apoyado en esto de escribir y ésta hecha especialmente para ella!! Laura esto es para ti!!! 

Dicho ésto, os paso con este primer capítulo!!! Os espero el domingo que viene!! Pasad buen fin de semana!!
Sígueme, comenta, comparte y disfruta!!


“¿Conoces aquellos momentos en que sientes que lo tienes todo? La felicidad te embarga y parece que nada ni nadie puede hacerte daño. Todo es perfecto… Todo.
Hasta que te das cuenta de que es una ilusión. Lo que has querido creer es una gran mentira. El dolor vuelve y pierdes todo por lo que has luchado, lo que finalmente has conseguido tras tanto esfuerzo. Se puede perder tan fácilmente… en un abrir y cerrar de ojos. Es entonces cuando te das cuenta de que siempre has estado sola.”

Cruce de caminos: Capítulo 1


-¿Qué miras?
La voz de Elena penetró por los oídos de Naira, que giró su cabeza lenta y perezosamente para mirarla. La lluvia la adormecía.
-¡Despierta por favor! – Christine zarandeó a la joven, que seguía sin reaccionar – La clase está a punto de empezar…
Dicho esto, la puerta se abrió de par en par con fuerza y el profesor entró en el aula, saludando enérgicamente. Naira observó al hombre con parsimonia, mas las palabras de aquel tedioso maestro no conseguían perforar los muros de su mundo. Su cabeza estaba en otra parte, libre, irresponsable, deseosa de descubrir e imaginar. La monotonía le aburría, la escuela era algo insignificante. Ella no pertenecía a aquel lugar. Más allá de aquella cárcel había un magnifico mundo esperándole… y nada ni nadie podía evitar que cumpliera su sueño.
[…]
-El primer día de clases debería ser el último.
Sentadas bajo la sombra de un gran árbol, dos jóvenes muchachas gozaban de los últimos rayos del sol estival. Aquella calidez acariciaba sus rostros y les daba una sensación de tranquilidad impenetrable. La tercera niña, sentada entre las raíces del árbol y cobijándose de los juguetones rayos de luz, escribía rápidamente en una pequeña libreta.
-¿Otra de tus novelas? – Se burló Elena.
-Naira, deberías dejar de soñar despierta – La tercera chica se acercó y  le arrancó la libreta de las manos – Ya eres mayorcita, deberías salir, hacer amigos, buscarte novio…
-Christine – Le cortó Naira recuperando su preciada libreta de un manotazo – ¿Que tiene de bueno emborracharse, hablar con gente que ni conoces y atarse a una relación? Yo soy una mujer libre, no necesito novios.
Las amigas se miraron y rieron.
-¿Qué es tan gracioso?
-Nada – rió Christine – Me gustaría verte enamorada.
El timbre que indicaba el inicio de las clases sonó, ahogando las palabras de reproche de Naira.
-Vamos – Dijo Elena – El recreo terminó.
[…]
-Bien – El profesor repartía unas hojas de papel entre los alumnos – lo que os acabo de entregar son los horarios de… - Naira suspiró. Normas, material, horarios… El primer día de curso era siempre el mismo. - … y ciencias. Perfecto, finalizados los trámites iniciales, comencemos con las presentaciones.
Todos los alumnos miraron al profesor por primera vez.
-Disculpe… - La mano de Elena se elevó tímidamente - ¿A qué se refiere con presentaciones?
-Me refiero a “presentaciones”, señorita. Como pueden ver, este año contamos con muchos alumnos nuevos y lo más acertado en estos casos seria presentarse uno a uno para conocernos mejor. ¿No les parece buena idea?
El hombre, satisfecho de sí mismo,  miró a la clase con orgullo, esperando una gran oleada de aplausos por su increíble idea. Más ninguno de los muchachos allí presentes tenía muchas ganas de aplaudir, más bien miraban con odio al profesor…
-Ejem… - Carraspeó – Comenzaré yo para que tengan un buen ejemplo – Se levantó de su silla y alzó la voz – Mi nombre es August Fleening y tengo 57 años. Mis aficiones son coleccionar chapas y caminar por la montaña. Seré vuestro tutor este año, además de impartir las clases de lengua y filosofía. También me encargo del mantenimiento de la biblioteca. Mucho gusto.
August Fleening extendió los brazos y sonrió de tal manera que daba entender que había realizado una hazaña memorable. Sus alumnos por el contrario, se entretenían observando a una mosca que había entrado en el aula.
-¡Señores y señoras por favor! un poco de interés. – Se quejó –Bien, usted señorita – Señaló a una joven que se sentaba en la primera fila– Si es tan amable, por favor, preséntese a la clase.
La muchacha, avergonzada, se levantó muy lentamente y habló con voz temblorosa. Al finalizar, uno tras otro los alumnos fueron presentándose y, poco a poco, la vergüenza fue desapareciendo. Naira suspiró con resignación al ver que su turno se aproximaba. Echó una ojeada a su alrededor para intentar tranquilizar el sentimiento de nerviosismo que afloraba desde su pecho. Todos los alumnos miraban a su compañero, escuchando su presentación. Todos, excepto uno.
Uno de los nuevos alumnos que se sentaba a escasos pupitres del suyo la miraba. No sabía el que, pero algo en aquellos ojos aceitunados le ponía nerviosa.
-¡Siguiente! – Anunció el profesor.
La muchacha, con un sentimiento de haber firmado su sentencia, se puso en pie lentamente, sintiendo los ojos de todos sus compañeros en ella. Cogió aire y habló alto y claro.
-Mi nombre es Naira Thonder y tengo diecisiete años. Este es mi segundo año en esta escuela. Como aficiones podría decir… escribir y la música, supongo.
Silencio absoluto.
Su presentación había sido tan corta como concisa.
-Eh… - El profesor no sabía bien bien que decir – Bien… sí… eh…
-¿Puedo sentarme?
-Eh…  Sí claro – Titubeó el hombre, confuso – Siguiente por favor. ¿Quién es el siguiente?
-¡Yo mismo! – El joven desconocido que miraba a Naira se levantó enérgicamente – Mi nombre es Aiden Lower. Vengo de… aquí mismo supongo – Una oleada de risas inundó la clase – tengo dieciocho años y mis aficiones son los videojuegos, las películas de terror y el teatro. Me trasladé a este instituto porque oí que las chicas eran más guapas…
Antes de que el profesor pudiese replicar, sonó el timbre de salida, que ahogó las crecientes risas de los alumnos.
[…]
-Ese chico – Decía Christine – ése tal Aiden, está muy, pero que muy bien, además de ser gracioso, ¡y simpático!
Las tres jóvenes salían de clase apresuradamente. Mientras Christine y Elena charlaban animadamente, Naira las observaba con escaso interés. Caminaban juntas hasta un cruce cercano, donde se separaban y cada una seguía su camino. Aquel cruce era su punto de encuentro.
-Yo le encuentro un poco… creído.
-¡¿Pero qué dices Naira?! – Gritó de pronto Christine.
-Tampoco hace falta que te pongas así…
-Chris… - Susurró pícaramente Elena – Yo le conozco…
-¡¿¿¿COOOOMOOO??!!
Elena comenzó a explicar rápidamente una gran historia sobre su adolescencia, en la que conocía a Aiden Lower y juntos vivían una gran historia de amor imposible. Naira, lejos de interesarse, comenzó a observar su alrededor y a pensar una excusa para poder alejarse de allí lo más rápido posible.
-… Y en tercero de secundaria…
-Chicas – Dijo de pronto – Mirad, allí esta vuestro príncipe azul.
Las dos muchachas miraron hacia donde indicaba su amiga. Allá en el cruce, un gran grupo de niñas que chillaban y hablaban rápidamente, rodeaban al pobre y azorado Aiden Lower.
Elena y Christine corrieron decididas hacia el muchacho, entretanto Naira les seguía desde una corta distancia.
-¡Aiden! – Chilló Elena – Aiden, soy Elena Dawson, estuvimos juntos en la escuela primaria y hasta segundo año de secundaria. ¿Me recuerdas?
Al chico se le iluminó la mirada al ver una posible vía de escape.
-Disculpadme chicas – Dijo sin dirigirse a nadie en concreto – pero debo reunirme con una vieja amiga – Su voz provocadora hizo enrojecer a Elena.
Todas las niñas que le seguían miraron con odio a la pobre muchacha y se alejaron decepcionadas arrastrando los pies.
-No esperaba que te acordases de mi – Comentó Elena avergonzada.
-Lo cierto es – Aiden se acercó un poco más a la chica, lo que provocó que esta perdiera un poco el equilibrio – que no te recuerdo en absoluto, pero era la única forma de quitarme de encima a esas crías. Se han puesto verdaderamente pesadas.
La sonrisa de Elena desapareció y Christine abrió la boca sorprendida. El guapo, simpático y gracioso Aiden que todo el mundo admiraba había desaparecido.
-Si no fueses por ahí provocando, no tendrías la necesidad de quitarte a nadie de encima.
Aiden miró a la muchacha, que permanecía oculta tras sus dos amigas. Naira sostuvo su mirada, desafiante, mas no pudo soportarlo por mucho tiempo; aquellos ojos la ponían nerviosa.
-De ti sí me acuerdo – El muchacho apartó a las dos jóvenes, que aun le miraban con sorpresa, y se acercó lentamente con peligrosa voz – Eres… Nadia ¿Verdad?
-Naira.
-Eso – Cada vez se acercaba más – La chica que no le importa nada ni nadie.
-Yo no he…
-No era necesario decirlo – El joven rió – se ve desde lejos que te importa una mierda lo que piensen de ti. Me gustas paliducha, ¿puedo llamarte paliducha?
-Ni se te ocurra.
-Bueno, lo haré de todas formas – Aiden sonrió pícaramente y acto seguido miró su reloj – Debo irme, aun no he terminado de sacar cajas. Nos vemos paliducha.
Dicho esto, se marchó.
Las chicas quedaron largo rato en silencio, sin saber muy bien lo que acababa de pasar.
-Ha dicho… - Dijo Christine al fin – ha dicho que le gustas…
-¿Y tú te lo crees? – Gruñó Naira – Tan solo lo ha dicho para cabrearme.

Las muchachas se despidieron allí mismo. Elena permanecía inusualmente callada, mas aquello era una preocupación menor. Aun intentaba contener los latidos de su corazón.

1 comentario:

  1. Oooooooh me dedica la historia, pero que bonito por favor *______*. Espero que me sorprendas, aunque siempre lo consigues.
    Siguiente capítuloo!!!!

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